11.oct.2011 | edicion 86

¡Qué bajón!

Qué hacer cuando el desánimo y el decaimiento se apoderan de nuestro trabajo y de nuestra vida cotidiana.

Cada vez es más frecuente que escuchemos: tengo desánimo, estoy decaído, desalentado, descorazonado, desmoralizado y abatido(a).
 
Estos estados de ánimo se presentan en alguien que ha sufrido una pérdida o un shock anímico. Distinguimos entre: “bajón” y estado de tristeza, entendiendo por este último, “un estado de abulia, de desinterés, inactividad, indolencia” que permanece.
 
Cabe, además, que no lo confundamos con comportamientos disfuncionales de los vagos, holgazanes y perezosos, pues ¡que los hay, los hay! En nuestras empresas pero más en nuestras familias. 
 
 
Pérdida de plenitud vital

Estos estados de ánimo, tienen que ver con haber perdido la plenitud vital. Esta no puede medirse con termómetros ni tensiómetros. Tampoco pueden señalarse claramente: no existe el “me duele acá”. Es una de las contadas veces donde queda claramente marcada la articulacíón “cuerpo-mente”.
No son sensaciones de parálisis, ni de dolor, pero quedan registradas en el cuerpo, en forma de desvitalización. Son una combinación de sensación corporal y emocional. Un mix que no es metafórico, y que nos deja un sabor amargo.
 
 
¿Qué pasa cuando no se resuelve?
 
Pueden ser pasajeros cuando la naturaleza humana misma actúa,  generando un nuevo equilibrio, pero hay ocasiones en que no se resuelve el desánimo, el decaimiento y el sentirse descorazonado y abatido(a). Esto, además, va unido un residuo de queja permanente y de languidez.
 
A menudo ocurre que la persona comenzará a exagerar la magnitud de sus deficiencias y seguramente culpará al medio de  las “dificultades” que enfrenta. Además suele observarse que la persona actúa como “barril sin fondo” para quien no hay ayuda que le sea suficiente. La persona es incapaz de reconocer mejorías y tampoco tiene capacidad de agradecimiento para quien la ayuda. Con este comportamiento busca dejar impotente a quien lo ayuda o quiere hacerlo.
 
 
Desplomarse y reventar

Esto genera un círculo vicioso que se manifiesta en el abandono que la persona hace de su cuerpo, de sus deberes laborales, sus obligaciones  sociales y familiares. 
 
Aquí es fundamental  la participación del Mentor.
Si la propia naturaleza no logró que este estado disfuncional fuera pasajero, es necesario buscar la ayuda profesional. 
Detrás de la tristeza existe un estado depresivo. Metafóricamente, la persona se siente aplastada, empequeñecida, doblada y doblegada. La imagen que se nos ocurre es la de un animal al que lo han cargado con tal exceso de objetos sobre su lomo que no puede andar, que está a punto de desplomarse y reventar.  
 
Ese peso simbólico se traduce en los baúles de venganzas celosamente guardadas y postergadas; en acumulación de ira lanzada contra sí mismo, para no estallar hacia afuera. Muchas veces se trata de duelos ignorados o disfuncionalmente alargados y cristalizados.
 
En estos casos, no basta querer ayudar a la persona que ha caído en este estado tan disfuncional. ¡Hay que saber cómo hacerlo!
 
De la misma forma que un animalito apaleado, al estar tan herido, muerde y ataca para defenderse, incluso a quien quiere curarlo o alimentarlo; la persona que está en este estado tiene varios mecanismos de defensa que son ataques a sí mismo y al medio.
 
 
El poder de avanzar

Aquí, el Mentor ayuda a estas personas a avanzar. Primero con la comprensión de su estado de dolor y a partir de ahí, le señala los pasos del camino del duelo que inexorablemente tendrá que cumplir y que tiene un tiempo determinado de duración. En estos casos, el camino del duelo se ha alargado tanto que la persona pierde la perspectiva que lo cursó o está cursando actualmente y no puede ponerle fin. 
 
Las frases más frecuentes son: “¡yo estoy bien!”, “¡a mí no me pasa nada!”, “¡desconecto y sigo!”, “¡esto ya me va a pasar!”
 
Frases como las mencionadas reflejan que la persona realmente ignora que está atravesando un camino de duelo o que lo conoce pero pretende negarlo. Es ahí cuando suele ocurrir que la persona entra, sin darse cuenta, a accionar compulsivamente, en una suerte de manía por hacer cosas que le permitan olvidar o mantenerse ocupada para no pensar con profundidad en sí misma y en su momento de vida. 
 
Esto la conduce a que tenga que volver a foja cero y a tener que reiniciar un nuevo camino de duelo que se agregará al anterior formando así un entrelazamiento disfuncional y más prolongado. 


Pasos estratégicos
 
El trabajo del Mentor es un trabajo reconstitutivo de los tejidos psíquicos pero además es un espacio donde se generan pasos estratégicos para lograr cambios concretos y acertados que revelan la metamorfosis de la persona que dejará atrás la desesperanza, pasando a vivir una vida con mayor plenitud en el área relacional, laboral y corporal.
 
 
beibe y ruiz
 
Prof. Ernesto Beibe | ernesto.beibe@gmail.com
Dra.  Marianela Ruiz | marian.mentora@gmail.com
www.mentoringempresario.com 

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